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Lesiones comunes

LESIÓN DE RODILLA – LESIÓN DEL LIGAMENTO CRUZADO ANTERIOR

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La lesión del ligamento cruzado anterior (LCA) es la lesión de la rodilla de mayor gravedad tanto por su tiempo de recuperación, como por la susceptibilidad que causa para sufrir nuevas lesiones con posterioridad.
La incidencia de ésta es de 0,05 – 3,7 por cada 1.000h de juego.

La rotura del LCA representa el 50% de las lesiones ligamentosas de rodilla. Produciéndose el 75% durante las actividades deportivas.
Y en el caso de fútbol el 60 – 90 % de los casos se produce sin contacto con otro jugador.

  • Es una lesión en la que intervienen varios factores que alteran en un momento determinado los elementos estabilizadores activos y pasivos de la rodilla.
  • Hay factores intrínsecos: edad, sexo, composición corporal, lesiones previas…Y factores extrínsecos: entrenamiento, calendario de competición, superficie…
  • La rotura del ligamento transcurre cuando existe una combinación de estos factores y un “inciting event”, es decir, un momento concreto del juego en el que se produce la alteración de elementos biomecánicos de la rodilla.
  • El mecanismo consiste en una rotación interna de la tibia con la rodilla en el momento de pisar el suelo y que coincide con un cambio de dirección hacia el lado de la rodilla lesionada, donde se produce a la vez la rotación externa del fémur y cadera.
  • Dentro de los factores más determinantes, destacar los ambientales :terrenos de juego, hierba alta ,tacos largos ó planos .Otros factores de riesgo anatómico como la propia geometría del ligamento .Factores relacionados con situaciones que alteran la propiocepción del movimiento, por fatiga ó inadecuado tono muscular. Y factores genéticos.
  • Otros factores predisponentes a la lesión son el stress, exigencia de la competición, viajes…
  • Como conclusión, hay que dar importancia a la lesión y sus repercusiones y seguir estudiando estrategias y programas preventivos individualizados para anticiparnos al problema.

La decisión sobre el tratamiento quirúrgico o conservador, una vez se ha producido la lesión, depende de diferentes variables. El éxito en el tratamiento y la vuelta a la actividad deportiva en las mejores condiciones posibles puede depender en gran medida del proceso de rehabilitación. No hay evidencias de una diferente recuperación en función del programa de ejercicios utilizado. No obstante, el proceso de rehabilitación debe comenzar inmediatamente a la producción de la lesión. La incorporación total al deporte se consigue en la mayoría de los casos en un plazo medio de seis meses.

PROGRAMA DE REHABILITACIÓN TRAS CIRUGÍA DE LCA

-Fase inmediata (Posterior a la lesión y prequirúrgica): Abarca la primera semana tras la cirugía:

  1. Control del dolor y la inflamación. Para controlar el dolor y la inflamación se utilizan habitualmente medios físicos (hielo) y frecuentemente antiinflamatorios no esteroideos (AINES).
  2. Ejercicios isométricos: A causa del dolor o la inflamación el cuádriceps puede perder hasta un 30% de su fuerza en la primera semana, es fundamental que en esta fase se minimice la perdida de fuerza y masa muscular. El uso de ejercicios isométricos es de gran utilidad en esta primera etapa. Ejemplo: colocamos una toalla debajo de nuestra rodilla y la apretamos contra el suelo durante varios segundos, manteniendo la pierna estirada.
  3. Apoyo sin muletas hacia el 4º día

-Fase postquirúrgica I: Incluye las 2 a 4 semanas tras la cirugía:

  1. Control del dolor y la inflamación.
  2. Ejercicios activos y pasivos para mejorar el arco de movilidad de la pierna. La movilización temprana de la articulación puede reducir el dolor, disminuye los cambios adversos al cartílago, favorece la nutrición articular, mejora la cicatrización y previene la contracción de la cápsula articular. – Fundamental obtener una extensión completa y una flexión de 90º de rodilla.
  3. Primera fase de rehabilitación de la propiocepción. Ejemplo: levantamiento de un peso con la rodilla estirada.

-Fase postquirúrgica II: Incluye las 5 a 10 semanas tras la cirugía:

  1. Ejercicios activos y pasivos para mejorar el arco de movilidad. – Hay que conseguir la híper extensión y la flexión completa de rodilla.
  2. Potenciación muscular. – Ejercicios concéntricos y excéntricos en cadena cinética cerrada (CCC). Ejemplos: bicicleta, leg press. Los ejercicios CCC son los más indicados y seguros en esta etapa, pues aumentan la estabilidad de la articulación y protegen al injerto de fuerzas nocivas.
  3. Ejercicios de marcha.
    Segunda fase de rehabilitación de la propiocepción. Debe plantearse de forma gradual y progresiva. Al principio los ejercicios deben ser estáticos. Cuando el paciente ya pueda mantenerse en pie y apoyar todo el peso, se inician ejercicios como “caminar de puntera” o “los pasos de lado”.

-Fase postquirúrgica III: Incluye los 2 a 3 meses tras la cirugía:

  1. Potenciación muscular. – Ejercicios concéntricos y excéntricos en CCC y cadena cinética abierta (CCA). Se recomienda la incorporación de los ejercicios de CCA y mantenerlos a partir de esta etapa. Los ejercicios en CCA conducen a un aumento significativo de la fuerza del cuádriceps. Se pueden hacer en máquinas de musculación, las cargas deben ser progresivas, manteniendo una intensidad relativa.
  2. Ejercicios de carrera continua.
    Recuperación de la resistencia aeróbica. Ejercicios como bicicleta y natación son adecuados para ganar resistencia aeróbica.
    Tercera fase de recuperación de la propiocepción. Se basa fundamentalmente en aumentar la dificultad de los ejercicios ya aprendidos.

-Fase de entrenamiento funcional: A partir del 4º mes tras la cirugía:

  1. Aumento progresivo de la carrera continua en distacia, intensidad y frecuencia semanal.
  2. Ejercicios pliométricos. Ejercicios que incluyen una fase inicial de contracción concéntrica seguida de una contracción excéntrica. Ejemplo: subir y bajar escalones mediante saltos, con ambas extremidades.

-Fase de retorno a la actividad física: Entre los 6 a 12 meses tras la cirugía.

La mayoría de los estudios sobre rehabilitación de LCA consiguen un retorno completo a las actividades deportivas en un plazo medio de 6 meses.

ROTURAS FIBRILARES

La rotura de fibras es una lesión de partes blandas encuadrada dentro de las lesiones producidas por un traumatismo indirecto.

Existen diversos factores que contribuyen a que se produzcan este tipo de lesiones, por ejemplo:

  • Músculos sobrecargados o fatigados con incoordinación en la contracción
  • Mala preparación muscular (entrenamiento deficiente o mal calentamiento)
  • Desequilibrio muscular entre agonistas y antagonistas
  • Músculos tensos (no permiten alcanzar la máxima amplitud)
  • Esfuerzo realizado en ambiente frio (son menos contráctiles)
  • Mayor incidencia en músculos biarticulares
  • Edad
  • Abuso de alcohol y tabaco

Así pues, parece claro que, como prevención para posibles lesiones o recaídas, se deben tener en cuenta varios aspectos antes de realizar cualquier actividad física de forma segura:

•  Es muy importante realizar un buen calentamiento previo a cualquier actividad física. La entrada en calor tiene por objeto aumentar la temperatura muscular entre 1 o 2 grados, lo que hace que el músculo esté más flexible previniendo las lesiones. De la misma manera, la vuelta a la calma de una forma continuada contribuye a eliminar los productos de desecho producidos durante el ejercicio. Estirar al finalizar la práctica deportiva evita sobrecargas musculares y mejora la función muscular.

•  Los ejercicios de fuerza contribuyen a que los músculos en conjunto trabajen en forma coordinada; si agregamos trabajos de propiocepción se logrará que la dinámica muscular funcione en armonía, evitando lesiones.

•  La dieta también cumple un papel importante ya que si el aporte de hidratos de carbono no es el adecuado, la lesión puede aparecer por estar el músculo fatigado al no tener el aporte energético necesario.

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PERIOSTITIS TIBIAL

Se trata de la inflamación del periostio que es la membrana que cubre el hueso de la tibia. Es una lesión que se da con frecuencia en corredores.

Normalmente se da por un aumento considerable del volumen o del número de entrenamientos. En otras ocasiones ocurre por una deficiente técnica de carrera.

La prevención es el mejor tratamiento y por tanto en un primer momento sería recomendable realizar por parte de un podólogo un estudio de la pisada y un análisis de la marcha. A partir de ahí, se le ajusta el tipo de calzado más conveniente según lo estudiado. De igual forma, hay que evitar correr por superficies duras, y si no queda más remedio se aconseja un calzado que absorba bien los impactos para evitar que el periostio vibre demasiado y con el tiempo se inflame. También muchos corredores optan tanto por vendajes como por calcetines compresivos que pueden ayudar a minimizar las molestias durante el entrenamiento.

Una buena planificación es importante para evitar lesiones; si hace mucho tiempo que no corremos y empezamos con entrenamientos duros, es probable que la periostitis aparezca.

Otro aspecto de la prevención es realizar un buen calentamiento antes de empezar la práctica deportiva y una vez que hayamos acabado conviene realizar una vuelta a la calma. Después es conveniente realizar estiramientos y la aplicación de frío.